martes, 12 de febrero de 2013

El Sentido Psicológico de Comunidad; Comunidades Náhuas de la Sierra Nororiental de Puebla, México


Por Saúl Miranda Ramos


Es de vital importancia atender el sentido de comunidad en los proyectos de intervención en Psicología Comunitaria y en las Ciencias Sociales en General. La inmersión en una comunidad ofrece conocimiento impresionante cuando podemos notar en “el mundo de la vida” aspectos como el abordado; tal es el caso de una Fiesta Comunitaria en la Sierra Nororiental de Puebla en México y un funeral en el mismo lugar. Reflexionar sobre ello y sobre teóricos en Psicología Comunitaria nos proporciona luz para fundamentar y guiarnos en nuestras próximas intervenciones.

En relación al concepto de sentido de comunidad entendido por Sarason (1974) y que define como la percepción de similitud con otros, una interdependencia consciente con otros, una voluntad de mantener esa interdependencia dando o haciendo a otros lo que se espera de ellos, el sentimiento de que es parte de una estructura mayor, estable y de la que se depende, se entiende que las comunidades indígenas de esta región muestran su peculiar sentido de comunidad. Es apreciable que los integrantes de una comunidad poseen una similitud entre unos y otros en el sentido de que, por ejemplo, para la fiesta comunitaria todos y cada uno de los miembros aportan algo sea en especie, en trabajo, en participación. En esta misma fiesta podemos ver la manera en que se presenta la interdependencia en el sentido de que, mientras unos danzan, otros financian arreglos florales, unos más organizan el jaripeo, otros el baile; hay quienes se encargan de organizar las danzas, hacer la comida, los atoles… y así sucesivamente. Cabe mencionar que para la organización de esta fiesta no existe ley escrita, sino que cada miembro sabe lo que le corresponde hacer o quiere aportar y voluntariamente se lleva a cabo. En el caso de esta misma fiesta patronal, la mayordoma se preocupa de que los visitantes a su casa se encuentren “bien atendidos” es decir, que todos y cada uno reciba alimentos y bebidas para que estén satisfechos y contentos. Cada miembro sabe que debe hacer lo mejor posible lo que le corresponde pues de esta manera, cada cual con su aportación y desde su área contribuye a hacer la fiesta del pueblo mejor. Finalmente esto da status a este pueblo frente a otros. En suma, la experiencia de la fiesta comunitaria descrita hace patente lo que Sonn y Bishop (2002), entienden por sentido de comunidad, que es lo que caracteriza a los grupos sociales.

En una intervención comunitaria es preferible no hacer oídos sordos al sentido de comunidad, más bien reforzarlo, valorarlo, fomentarlo y desde ahí generar nuestros proyectos de intervención. Lo dice Paulo Freire (2002) al afirmar que nuestras intervenciones han de ser desde, para y con la comunidad donde en ningún momento se nieguen las identidades y la cultura del pueblo abordado. En este tipo de intervenciones se plantea un diálogo entre el sujeto interventor y el sujeto intervenido convirtiéndose ambos en SUJETOS de conocimiento. Con ello se inicia un diálogo entre el conocimiento popular y el conocimiento científico en pro de la solución y el crecimiento comunitario.

Un ejemplo adicional al sentido de comunidad y cómo ciertas prácticas contribuyen al mantenimiento de éste, pueden ser los funerales en una comunidad indígena de la Sierra Nororiental de Puebla. Partamos de una definición más de Sentido de comunidad, esta ocasión la de McMillan(1996) y McMillan y Chavis (1986) quienes definen el sentido de comunidad como el sentido que tienen los miembros de una comunidad de pertenecer, el sentimiento de que los miembros importan, una fe compartida de que las necesidades de los miembros serán atendidas mediante su compromiso de estar juntos. La ilustración de un funeral comunitario ofrece una imagen en la que los miembros muestran interés y dan importancia al hecho de morir. Cuando alguien fallece en el pueblo, los miembros de la comunidad asisten a “visitar” a los dolientes llevando consigo azúcar, café en polvo, velas, flores, pollos, pan, dinero, entre otros; con el objeto de ayudar materialmente a los familiares del fallecido. Con ellos pasan las dos noches que dura el velorio alrededor del cadáver, velas, flores, oraciones y cantos. Hombres y mujeres ayudan a barrer y limpiar la casa, a hacer tortillas, mole, café, matar y limpiar pollos para preparar comida para todos y todas, etc. Son los mismos miembros de la comunidad quienes asisten al panteón y realizan la fosa. Estas acciones proveen acompañamiento a los dolientes y como se ve, no existe momento alguno en donde los familiares tengan que pagar por servicios funerarios. Esto me hace pensar en el cuidado que se tienen los miembros de la comunidad unos a otros y haciendo sentir que importan. Además. alrededor del funeral existen creencias que ayudan a los familiares a cuidarse a sí mismos en el proceso del duelo. por ejemplo, se dice que la comida alrededor del evento es la “última” que el muerto ofrece por lo tanto no puede ser rechazada. Si pensamos en una viuda, ella y la comunidad asume que, a pesar de su dolor, no puede rechazar el “último” ofrecimiento que su marido le da y entonces: ella come y cuida de su propia salud. En en momento del sepelio cada cual toma un rol: hay quienes se ofrecen a cargar el ataúd, quienes acompañan de cerca a los familiares cercanos, quienes cargan las flores y las veladores, quienes llevan el incensario, quien hace los rezos, emerge el padrino de la cruz (padrino de muerte), aparece también la mujer que ofrece maíz sobre el ataúd y dentro de la casa para que no falte la comida posterior a la muerte, quienes colocan mazorcas en el lugar donde estuvo el ataúd para que no muera pronto alguien más de la misma casa. Acompañar en estos momentos difíciles a los miembros de la comunidad da la certeza de que cuando otras personas pasen por un mismo suceso, estarán acompañadas. En definitiva, hay una preocupación por que los dolientes no se sientan solos y que la comunidad resuelva el mayor numero de tareas por hacer.

Considero que existen muy diversas formas de construir y promover el sentido de comunidad. Primero asumiendo que las comunidades, poseen ya un sentido de pertenencia, en los que algunas veces explicitarlo, conocerlo y reconocerlo en el pueblo mismo, puede ayudar a su fortalecimiento. Por otro lado, en instituciones y grupos construidos no geográficamente sino por relaciones, se puede trabajar en las interacciones, en la identidad, en los compromisos y lazos de fraternidad, la satisfacción de necesidades mutuas, la consulta para la toma de decisiones, la unidad de grupo, el desarrollo de simbología compartida, el ofrecimiento de seguridad y apoyo, respeto, valores compartidos, popularidad, ayuda psicológica, establecimiento de eventos y fechas especiales, compartir alegrías y tristezas entre muchas otras.

En conclusión, en la praxis de la Psicología Comunitaria podemos ver en carne viva el sentido de comunidad en los ejemplos ofrecidos en torno a la fiesta del pueblo y un funeral en una comunidad indígena; sentido al que podemos no hacer caso omiso y con ello obtener una mejor partida al desarrollo de nuestros proyectos de intervención psicosocial siempre bajo la máxima “para, desde y con” la comunidad.

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